viernes, 22 de junio de 2012

El reloj de Plata: capítulo 2


Sabor a tierra y metal
Dos jóvenes se encontraban de camino hacia la salida del país junto a un escuadrón del ejército a sus espaldas.
Scarlet se encontraba inquieta en su asiento. No esperaba que Sabrina la hubiese entregado aquel extraño trozo de metal relleno de balas que le pesaba en el bolsillo. Según esta era por su seguridad.
¿Por su seguridad? Como era eso posible si ni siquiera sabía cómo se usaba. Un escalofrío la recorre la espina dorsal. Mira por la ventana. Ha empezado a llover de nuevo. Pudo distinguir a lo lejos una frondosa montaña que, poco  a poco, se iba acercando. Le resulta de lo más familiar y, a su vez, espeluznante. Tiene la sensación de haber estado allí, como si lo conociera, mas nunca había estado, pero se siente como en casa. Otro escalofrío le recorre el cuerpo.
Su hermano le mira extrañado, estaba como ida. La pregunta si pasa algo y ella negó con la cabeza esbozando una sonrisa que tranquiliza al mayor. Alex gira la cabeza hacia la ventana y la pequeña hace lo mismo. Se adentran en el bosque.
Llevaban un buen rato metidos en aquel frondoso bosque. Casi no se divisaba aquel hermoso paisaje que hacía unos minutos se observaba a la perfección. De repente, como un rallo, el coche se detiene. Los hermanos se miran extrañados. Alex, con el ceño fruncido, llama al chofer con voz grave, pero no obtuvo respuesta alguna. Y como un latigazo sonoro, un disparo se oyó en las proximidades del carro. Scarlet salta de su asiento mientras su corazón late a cien por hora. El mayor se levanta de su asiento y se dispone a salir. Mira a su hermana. Le indica con la mirada que no salga bajo ningún concepto. Ella solo asiente con la cabeza, intentando relajar los latidos de su corazón que cada vez bombeaba con más velocidad.
Alex, con espada en mano, desciende del coche recorriendo con la mirada el perímetro. De izquierda a derecha, muy lentamente observa lo sucedido. Cuan grata fue su sorpresa al encontrarse a la cuadrilla tirada en el suelo bajo un gran charco de sangre. Su cara forma una mueca de desagrado y tristeza al mismo tiempo. Le daban ganas de vomitar. Estaban todos muertos. Cierra los ojos por un instante, hasta que nota una presión en la parte trasera de su cabeza.
-Valla, valla. Mira lo que tenemos aquí. Así que tú eres el heredero de la dinastía Bórebar- La presión se hizo cada vez mayor. El heredero frunció más el ceño- Será un honor acabar contigo.- Alex no se movió. Cava su espada en el suelo, sube sus manos y cierra los ojos. Su cuerpo se relaja por completo. Se oye un disparo.

Scarlet abre los ojos sorprendida. Ha oído otro disparo. Un sudor frio le recorre la sien. Su corazón pronto se saldría de su pecho si sigue a esa frecuencia de pulsación. Sin meditarlo, sale disparada del coche con la cabeza agachada. Lo primero que divisa fue un gran charco de sangre en sus pies. Sube la mirada. Todos están en el suelo… ¿muertos? Si, era la palabra correcta. Su piel pálida se puso del color de la leche. Pálida como una fría noche de invierno en lo más alto de una montaña sin abrigo alguno. Su respiración entrecortada le hace difícil ver con claridad. Se está mareando.
-¡Scarlet!- un grito la hace volver a la realidad. La mirada de si hermano al otro lado del lugar es entre asustada y sorprendida. Se encuentra luchando frente a frente con un hombre de cara cubierta. Sus espadas forman un sonido metálico que retumba en sus oídos. Poco le importa, ya que un hombre de condiciones físicas extraordinarias le apuntaba con una pistola en la sien. Los ojos de la chica denotan miedo. Un miedo que le impedía moverse.
-Será mejor que no te muevas, así morirás más rápido. Mira que encontrarnos con los herederos de la dinastía Bórebar… ¡Nos ha tocado la lotería!- Reía de forma maliciosa, mostrando su blanca dentadura. Presiona más la pistola.
¿Éste era su final? ¿Así acabaría todo? Scarlet cerró los ojos con fuerza, esperando a que la bala entre en su cerebro destruyendo toda neurona a su paso. Pero nunca llega. Abre los ojos sorprendida encontrando a aquel hombre en el suelo retorciéndose de dolor y la pistola a su lado partida en dos, segmentada por la mitad del cañón. Levanta la vista y observa a su hermano jadeando a su lado, con la espada a la altura de su cabeza. Incorporándose mira a su hermana con mirada de reproche.
-Scarlet. Úsalo, es la única manera- Sale corriendo y se enfrenta a uno- no te puedo estar protegiendo constantemente.- Se agacha y esquiva a uno que le viene por el flanco derecho.
La menor saca de su bolsillo lo que horas atrás le había dado Sabrina. No sabe cómo se usa. Únicamente apunta y dispara. En el blanco. Abre los ojos y ve a uno de ellos tirado en el suelo con una bala incrustada en el cráneo entre ceja y ceja. Abre más los ojos desconcertada. Levanta la cabeza y se ve rodeada de más de media docena de dichos encapuchados. De repente su espalda choca con otra. Su hermano. Se siente protegida por dicha acción. Estaba muy nerviosa y a la vez asustada. Pero prosiguieron con la lucha. Scarlet sigue disparando mientras, Alex baila con su espada. La menor comienza a sentirse bien. Nunca se había sentido tan viva. Pero poco le dura la felicidad. Un quejido a su espalda la hace volverse, encontrándose a su hermano tirado en el suelo rodeado tras un charco de sangre que se hacía cada vez más grande. Desesperada, corre a socorrer a su hermano topándose con la herida de una bala en su estomago.
-Tu hermanito morirá en breves, una herida de ese calibre es muy jodida- sonríe con sarcasmo. La vuelve a apuntar- ahora seréis los dos los que muráis.- Dispara de nuevo. Scarlet se pune en medio de la bala y su hermano, recibiéndola con el hombro derecho. Le duele. Le duele y le escuece a horrores. Un dolor agudo y desagradable, seguido por un rio de sangre que le recorre el brazo.
-Estúpida, solo retrasarás lo evidente- Le apunta a la cabeza- Pero así mejor, moriréis más rápido. Despídete preciosa.- Se relame los labios.
Los ojos de la menor desprenden furia. Pronuncia algo apenas inaudible para aquellos que intentaban matarlos. Y como un guepardo, dispara lo más rápido que pudo, atravesando el cráneo del que le estaba apuntando. El cuerpo cae como un saco lleno de patatas, formando un sonido sordo y desagradable. Casi sin fuerzas, Scarlet se levanta buscando a cada uno de los que faltaban. Uno a uno va cayendo. Cada disparo era en el blanco. Cada uno certero. Nunca en su vida se imaginó haciendo esto. Su mente solo pensaba en acabar con aquellos que habían herido a su hermano. Y con el último disparo, en la nuca de un hombre de cabellos rojizos, acaba con lo que había comenzado.
Jadeaba como nunca lo había hecho. La herida en su hombro es profunda y la sangre sale a borbotones, nublándole la vista. Sus fuerzas fallan. Cae de rodillas, medio inconsciente. Pero antes de caer al suelo alguien la recoge.
-¿Estás bien?- No sabe quién es. Solo pudo divisar una mirada preocupada y unos ojos profundos de color negro.

Le duele todo el cuerpo. Cada una de sus extremidades siente una leve descarga cuando intenta moverse. Abre los ojos lentamente. Un fluorescente encima de su cabeza le impide abrir los ojos con normalidad. Un ligero aroma a desinfectante le inunda las fosas nasales. Cuando se le aclara la vista ve una habitación de color crema y unas sabanas de color blanco almidón le cubrían. Se encuentra en un hospital. Dirige su mirada hacia la ventana y divisa una mujer mirando por esta con cara preocupada.
-Mamá- Pronuncia con un hilo de voz.
La aludida se da la vuelta. Sus ojos estaban rojizos e hinchados. Se nota que ha estado llorando. Su labio tiembla levemente mientras intenta pronunciar alguna palabra. Se acerca al muchacho y le abraza fuertemente. Leves lágrimas salen de sus ojos y empapan la bata de hospital que posee él.
El muchacho, confundido, le pregunta el por qué de estar allí y por qué su madre lloraba.
- Alex - Toma aire - Uno de los soldados que fue contigo consiguió escapar del ataque y se refugió en una aldea cercana. Lo más rápido que pudo avisó a Sabrina y a Nick de lo que había sucedido. Un escuadrón salió en busca de vosotros, pero cuando llegaron ya fue tarde – Miles de lagrimas salieron de sus ojos, quebrándose su voz – te encontraron en muy mal estado. Casi te mueres… - se tapa la cara con ambas manos.
- Mamá y… ¿mi hermana? ¿Dónde está Scarlet? – Pregunto triste, mas no obtuvo respuesta. Se puso nervioso y gritó - ¡Mamá!
- Lo siento Alex, pero tu hermana no estaba contigo cuando te encontraron. – Las palabras se le ahogaron en la garganta.
- ¡Joder! ¡Malditas Nubes Rojas! ¡Los encontraré y los mataré a todos! – Pronuncia exaltado. Intenta levantarse forzosamente, pero un dolor agudo en el estómago le hace retroceder. Un color carmesí empezó a manchar las vendas. Maldijo por lo bajo.
- No te muevas Alex, aun no estás recuperado del todo. – Una rubia de edad avanzada entró en la habitación. – Ahora descansa, tu madre y yo tenemos que hablar.
- De acuerdo Sabrina. – Rose sale de la habitación junto a Sabrina. Alex no dijo nada. Voltea la cabeza hacia la ventana con el ceño fruncido. Se vengaría, juraba que se vengaría de aquel que le hiciera algo a su hermana. Bailaría sobre la tumba del que le pusiera la mano encima. Lo juraba.

Habían pasado ya dos semanas desde la desaparición de Scarlet. Dos semanas metidas en aquel maldito hospital. Dos semanas sin poder hacer nada. El moreno se sienta bruscamente sobre la cama. Poco le importa el dolor ocasionado. Solo quería salir de allí. Hoy era su cumpleaños. El cumpleaños de los dos. La echaba de menos. Un dolor agudo en el corazón le hace sujetarse la camisa a la altura del pecho. Muy a su pesar debe esperar. Esperar a alguna noticia que no termina por llegar.
Llaman a la puerta y una cabellera roja aparece por esta. Su madre. Al adentrarse en la habitación observa una tarta pequeña en sus brazos.
-Feliz cumpleaños, Alex. – Extiende los brazos con la tarta en estos. – Espero que te guste la tarta, la hemos hecho Heylie y yo. Ya sabes cómo es la madre de Daniel para los cumpleaños, y como no podemos hacerte una fiesta, te hicimos una pequeña tarta.
Alex mira a su madre, pero unos segundos después la retira mirando a la ventana. En un susurro pronuncia unas gracias casi inaudibles. Su madre suspira triste.
- Alex, se que echas de menos a Scarlet y que quieres salir lo antes posible de aquí. Pero todos estamos igual, créeme. – Una lagrima sale de sus ojos esmeralda.- Todos la echamos mucho de menos. - Alex se siente mal. Había hecho llorar a su madre de nuevo. Se levanta de la cama y la abraza.
- Lo siento mamá.- La abraza mas fuerte.- Te prometo que traeré a Scarlet de vuelta en cuanto me recupere – Esboza una sonrisa. Su madre le mira y sonríe igual.
Había que estar precavidos para lo que ocurriera. Alex mira por la ventana. Observa unos pájaros revolotear en el umbral de ésta. Era hermoso. Eran libres.
Ahora Alex tiene dieciséis años. Ahora puede ir a donde quisiese. Capitán de alto rango y juvenil. Es como ser un capitán del ejército mayor. Ahora no tiene ningún problema en ir a buscar a su hermana. La encontraría y la traería de vuelta.

Dos meses después del cumpleaños de los mellizos, Alex fue dado de alta el día anterior. A paso apresurado se dirigía a la torre de operaciones especiales donde se encuentra el rey.  Subiendo las escaleras de dos en dos llega delante de aquella puerta de madera antigua marcada con el símbolo de la familia real. Con dos toques, el rey le dio paso. Cuando entra divisa al hijo heredero del rey, Daniel. Con mirada extrañada, el rubio se posiciona al lado de su padre, esperando a que Alex hablara.
- Pero que sorpresa. Alexandre, ¿Qué te trae por aquí?- Pregunta el rey sorprendido.
- Rey Nicholas, solicito que me preste un escuadrón para ir en busca de mi hermana secuestrada, o desaparecida como decís vos.- Reprochó con voz grave.
- Me imaginé que vendrías a eso. – Se levanta del asiento – Por eso mismo mandé llamar a mi hijo.
- No creo que sea buena idea majestad. Daniel no está preparado para salir en ese tipo de misiones.
- Yo pienso todo lo contrario mi querido Alex. – Alex frunce el ceño. Odiaba que le llamaran así. – A decir verdad, Daniel tiene los requisitos esenciales. ¿Estás de acuerdo? – Le mira serio.
- Si, su majestad… - Hace una reverencia.
- ¡Bien entonces! Os espero mañana por la mañana en la entrada de la villa. Puedes retirarte.
Alex hace una reverencia y se dirige a la salida. Al llegar a la calle se da la vuelta al escuchar su nombre. Daniel. El muy idiota había salido corriendo detrás de él. Cuando toma aire se incorpora.
- ¿por qué no querías que fuera yo? – Le pregunta con reproche.
- Porque eres un incompetente que siempre me mete en líos – Le mira enfadado.
- Está bien, lo siento. Pero esta vez será diferente. Lo prometo. – Levanta el pulgar en señal de victoria. Nunca cambiaría. Alex se da la vuelta y se dirige a casa. Va a ser un viaje movidito.
- Espérame Scarlet. Voy en tu ayuda.

3 comentarios:

  1. mmmmm me encanta pero ay dos cosas que me han descolocado 1; ¿grata sorpresa? es q alex se alegra de q se carguen a su escuadron??
    2: x q narices m as dejado sin scar??? lo se siento q alex lo hayan erido pero yo kiero saber que le `pasa a scar fuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu XD jaja me has vuelto a impresionar bubu eres lo mejor

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  2. jajaja es que es en sentido retorico, con sarcasmo xD
    y no te preocupes en el capitulo siguiente sale Scar tranquiiiii

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    1. subelooooo yaaaaaaaaa que me eh qedado cn mono
      yo voy a terminar el primer capitulo y escribire el segundo

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